¿Por qué decir Sí?

Cuando terminé el colegio, lo único en lo que pensaba era estudiar una carrera universitaria. Sabía lo que me gustaba y tenía muy claro a donde quería llegar. Tenía 18 años. Así que me inscribí y posteriormente me matriculé para estudiar mi carrera.  El primer ciclo fue desafiante, conocer nuevas personas, muchas de las cuales no tenían mis mismos pensamientos y valores. Los profesores no eran amables, al contrario, parecía que su trabajo era el de poner la mayor dificultad posible para no superar. El ambiente en el que me encontré era totalmente diferente, muchos de mis compañeros preferían no entrar a clases e ir a beber, o simplemente pasar la tarde con sus enamorados y no preocuparse por sus estudios. Y ahí estaba yo.

Para el inicio de mi segundo ciclo, había aprendido a vivir en ese ambiente. Evitaba confrontaciones personales con personas que pensaban diferente. Me esforzaba muchísimo por alcanzar el mejor puntaje y no quedarme en supletorio. Y en cierta manera trataba de incitar a mis compañeros a que no desperdiciaran su tiempo y que entraran a clases, pero la verdad, creo que más veces fui tentada yo a no asistir a clases que ellos a escucharme.

Para el inicio de mi segundo año me di cuenta que lo que estaba estudiando no había sido lo que yo esperaba. Y era totalmente mi culpa. Yo había decidido lo que quería estudiar, y realmente había pensado que era lo correcto. Continúe estudiando por unos meses más, hasta que un día desperté y me di cuenta que mi vida estaba sin rumbo. No me mal entiendan. Era una de las mejores estudiantes, no había faltado a ninguna clase, no me quedaba en programas universitarios donde seguramente había bastante alcohol y rivalidad estudiantil. Ante los demás estaba muy bien. Pero en mi interior no lo estaba.

Siempre me ha gustado terminar lo que empiezo, pero esta vez no fue así. Dejé la universidad. Algo que no fue nada fácil, especialmente porque sentía que me había defraudado a mí misma. Y me tomó algunos meses en entender que había hecho lo correcto. No porque la universidad fuese el problema, sino porque no estaba caminando en el plan que Dios tenia para mi vida, y yo lo sabía.

los siguientes seis meses de mi vida me dediqué a ver la vida de una manera diferente. Pero no es que estuve desocupada todo ese tiempo. Al contrario me involucré en varias actividades que me dieron una mejor perspectiva de la vida, y me ayudaron a ver como Dios tenía algo mucho mejor para mí. Empecé a leer mi Biblia, porque sabía que de allí provenía las respuestas a varias de mis preguntas y vacíos espirituales. Tomé clases de Historia Occidental, lo que cual me ayudó a tener una mejor idea de lo que había sucedido en el mundo y como se aplicaba a la realidad en la que vivíamos. Inicie un club de periodismo. Tomé el liderazgo de la Alabanza en mi Iglesia. Y fui profesora reemplazo en una escuela. Fueron los seis meses más ocupados y llenos de propósito en  mi vida.

Lo que más doy gracias a Dios, es que durante ese tiempo pude afirmar mi fe y saber verdaderamente que Él tiene el mejor plan para mi vida y el mejor camino para yo seguir. Reconocí  que era una hija amada y la hija del Rey. Dejé de confiar en lo que yo pensaba que era mejor para mi vida y le permití a Jesús que tomara el control.  Y me di cuenta que me gustaba mucho enseñar y relacionarme con niños y jóvenes.

Tuve la oportunidad de matricularme nuevamente en una universidad a distancia, y  empecé a trabajar para pagar mis estudios. Seguía involucrada en la Iglesia y tenia flexibilidad de continuar con los proyectos que ya había iniciado. Cuatro años después me gradué y ahora que tengo 28 años puedo ver atrás y dar gracias a Dios por esos seis especiales y hermosos meses que pude vivir.

Cuanto me hubiera gustado poder haber invertido mi tiempo en una Escuela Bíblica después de haberme graduado del colegio. Tener un lugar donde hubiera dedicado mis días al estudio de la palabra de Dios. Relacionarme con otros Cristianos que estuvieran en etapas similares a la mía. Servir a la comunidad y mi iglesia y hacer amigos con los que gozaría por la Eternidad.  A esto yo hubiera dicho, Sí.

Raquel Gomezcoello

 

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